| Según Masters y Johnson, la respuesta sexual humana puede ser dividida
en cuatro fases: excitación, plato, orgasmo y resolución. Todas
estas fases mantienen una relación de interdependencia, o sea, una no
ocurre sin que la anterior haya ocurrido, lo que implica una relación
sexual menos satisfactoria y una disfunción cuando existe cualquier alteración
en una de estas fases.
Todo comienza cuando por la imagen, fantasías, olores y recuerdos, la
mujer despierta al deseo, que es fundamental para el comienzo de la respuesta
sexual. El deseo lleva a la fase de excitación donde varios cambios a
nivel corporal comienzan a ocurrir, siendo uno de ellos y quizás el más
importante la lubrificación vaginal. Esta lubrificación íntima
es resultado de una interacción psico-neuro-endocrina, donde glándulas
existentes en la vulva y entrada de la vagina producen una secreción
viscosa, sin olor y transparente, responsables de dejar la vagina en condiciones
de recibir la penetración de forma cómoda y sin dolor.
La falta de lubrificación es uno de los principales factores que llevan
al surgimiento del dolor e incomodidad en la relación, frecuentemente
relatado por las mujeres como ardor, la cual puede comenzar desde el primer
momento de la penetración, o aparecer del medio al final de la relación,
pudiendo durar hasta el día siguiente. En determinadas situaciones la
falta de lubrificación puede causar sangrados coitales intensos, por
el rompimiento de la mucosa vaginal a través del roce generado por los
movimientos de la penetración.
Fisiológicamente, la disminución de la lubrificación tiende
a ser común durante la menopausia, en el periodo post-parto y durante
la amamantación. Situaciones como radioterapia y quimioterapia, diabetes
e hipertensión tienden también a proporcionar una vagina más
seca.
El tratamiento para el déficit de lubrificación íntima
dependerá de la causa, aunque existan formas de terminar con el problema
independientemente del factor causal.
Una vez excluídos los factores orgánicos, la disminución
o ausencia de lubrificación vaginal es directamente proporcional al estado
de excitación, o sea, cuanto mayor sea el grado de excitación,
mayor será la cantidad de lubrificación. Así, la terapia
sexual debe ser indicada para aquellas mujeres con dificultad de excitación,
casi siempre como consecuencia de la disminución o ausencia del deseo
sexual.
Cuando la causa sea de origen hormonal, en el caso de mujeres en la menopausia,
el tratamiento hormonal del tipo que sea, siempre que no tenga contraindicaciones,
garantiza en su totalidad el éxito terapeútico, "rejuveneciendo"
una vagina hasta entonces "envejecida" por el déficit hormonal
y fisiológico del periodo.
Para todos los casos es posible utilizar lubricantes íntimos artificiales
que pueden ser encontrados en farmacias, los cuales pueden ser de base aceitosa
o acuosa. Los de base aceitosa, donde el representante principal es la vaselina,
son derivados del petroleo, de difícil remoción, pudiendo dejar
residuos, además de propiciar el rompimiento de los preservativos a base
de látex. Los que utilizan agua como base, intentan imitar la lubrificación
natural, proporcionando una relación sexual más placentera y no
perjudicando el preservativo, siendo por eso los más recomendados.
En todos los casos de disminución o ausencia de lubrificación,
los lubricantes cumplen plenamente su papel en el sentido de tratar el síntoma,
aunque lo ideal sea siempre tratar la causa, al final una relación cómoda
y sin dolor no es sinónimo de una relación placentera y tampoco
garantía de orgasmos.
Darci L. Dl. Janarelli
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