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El voyeur es una persona que se satisface sexualmente viendo a otros practicar el acto sexual. Él se excita sabiendo que los observados no saben que sus intimidades están siendo violadas. Él observa, escondido, otros cuerpos y otros actos. Por ejemplo, un voyeur casado se siente mucho más estimulado al espiar por el orificio de la cerradura a su mujer quitándose la ropa, que cuando está con ella en el cuarto.

La curiosidad natural del niño con respecto a lo que ocurre con los padres cuando cierran la puerta del dormitorio, parece ser una de las causas de este impulso erótico. Si posteriormente, en la adolescencia, los impulsos sexuales del joven son reprimidos, él podra volver a la práctica infantil del voyeurismo como fuente de alivio para sus tensiones.

Otra causa posible del voyeurismo reside en el tipo de iniciación sexual que el indivíduo tuvo. Es normal que la masturbación esté estimulada por la observación de revistas pornográficas y películas eróticas, por ejemplo. Puede ocurrir que el individuo se concentre totalmente en la visualización de actos sexuales, sin imaginar que él también puede hacer aquello que los personajes de las historias hacen.

El opuesto al voyeur es el exhibicionista. O sea, el indivíduo que siente placer en mostrar a los otros sus órganos genitales. Él llega a obtener satisfacción sexual delante de las reacciones de espanto que provoca. En general, los exhibicionistas son indivíduos inadaptados. Para ellos, exponerse de forma obscena es la única manera que encuentran para llamar la atención, cuando normalmente pasarían desapercibidos para los demás. Este impulso erótico puede también ser compulsivo y de consecuencias desastrosas en la vida de las personas.

Algunos estudiosos del tema sostienen que el exhibicionismo tiene su origen en el complejo de castración. El miedo del niño a ser castrado puede resultar, posteriormente, en la necesidad compulsiva de exhibir los órganos genitales para convencerse de que no fueron cortados. El exhibicionista, que muestra el pene a las mujeres desconocidas, siente que si no puede inspirar amor a una mujer, puede por lo menos sorprenderla. De esta manera él demuestra su virilidad.

Dentro de ciertos límites, es absolutamente normal que una persona se exhiba para atraer al compañero sexual. A la mayoría de los hombres, por ejemplo, les gusta mostrar sus dotes físicas, sus cualidades intelectuales, o hasta su automovil sport último modelo. Pero pocos son los que exhiben los órganos genitales.

Un hecho puede explicar el acto de voyeurs y exhibicionistas: la preeminencia de la imagen. De los cinco sentidos humanos la visión es el más desarrollado. Vivimos en una sociead en que la imagen es extremadamente estimulada. No es de sorprender que ver una escena de sexo pueda ser tan excitante.

Los indivíduos son enseñados, desde pequeños, que las imágenes relacionadas con el sexo deben ser interpretadas como excitantes. No podemos olvidar que el estímulo sexual entre los seres humanos es construido y propagado culturalmente. De cierta forma, todos los indivíduos poseen un cierto "grado de voyeurismo y exhibicionismo".

En verdad, lo que nos hace diferentes de los demás animales es, entre otras cosas, nuestra capacidad de ver y atribuir sentido a las escenas cotidianas. En nuestra sociedad, un escote de vestido es interpretado como algo excitante. En una tribu indígena en la cual las mujeres quedan con los senos descubiertos, la excitación es provocada por otras situaciones.

Jonatas Dornelles

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