| De todas las disfunciones sexuales femeninas, quizá la más común
encontrada en la práctica clínica sea la pérdida de la
líbido o la disminución acentuada del interés sexual.
Esta pérdida puede ser abrupta o insidiosa, o sea, una disminución
progresiva hasta la ausencia total del interés por la relación
sexual.
Los factores que llevan a esta pérdida del interés sexual generalmente
son multicausales y casi en su totalidad de origen psicogénico. Existen
aquellas que desde el comienzo de la vida sexual, siempre sintieron poca o ningunas
ganas de tener relaciones, pero en contrapartida, existen aquellas que siempre
fueron bastante activas desde el punto de vista de la sexualidad, y que en determinado
momento vieron su líbido disminuir y hasta desaparecer.
La gran mayoría de las mujeres que buscan ayuda por esta causa, lo hacen
por miedo a perder a su compañero, el cual comienza a notar el desinterés
y necesitar una solución.
Casi siempre la pérdida del deseo es generalizada, o sea, no existe
deseo por ningún objeto en especial, aunque en pocos casos la pérdida
del deseo sea selectiva, como por ejemplo ausencia del deseo por su compañero,
pero habiendo deseo en relación a otros hombres. Un hecho interesante
es que casi la totalidad de estas mujeres dicen amar a sus compañeros
y no entienden el por qué de la pérdida de la líbido.
En verdad, la falta de deseo interfiere en el resto de la respuesta sexual,
pues la fase de excitación queda comprometida la mayoría de las
veces haciendo inviable el orgasmo.
Muchas dicen que para ellas el sexo no es ya necesario y que sólo lo
hacen para agradar a su compañero, fingiendo cosas que no sienten. Esto
las hace extremamente infelices, pues les gustaría realmente estar aprovechando
la relación y al fingir interés se sienten disminuidas y en cierta
forma prostituídas y usadas.
La industria farmacéutica ha realizado estudios con medicamentos capaces
de activar el deseo sexual a nivel cerebral. Entretanto, actualmente la terapia
sexual aún es el único tratamiento capaz de desarrollar, si no
en su totalidad por lo menos en parte, la líbido perdida, de modo que
se pueda volver a tener una vida sexual plena y evitar así crisis conyugales
que pueden muchas veces llevar a la separación.
Es en la terapia que paciente y terapeuta van a buscar las causas para tratarlas
y modificar así el comportamiento. Situaciones como la rutina de la relación
y el acomodamiento de la pareja casi siempre están presentes en el origen
de la disfunción del deseo hipoactivo.
Modificación de comportamiento e intentos de cambiar a la automatización
del mecanismo de la relación casi siempre están presentes como
forma de tratamiento.
De cualquier forma es siempre bueno recordar que el sexo forma parte de nuestra
vida, pues hay algo instintivo y su ausencia acostumbra a traer repercusiones
en la vida conyugal e interpersonal en todos los sectores de nuestras relaciones.
Darci L.D. Janarelli
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